Interior del Jardín del Ángel, en el Barrio de las Letras
El Jardín del Ángel antes de su restauración

Actualizado Enero 2021

El Ángel del Jardín es actualmente (y desde hace más de cien años) una hermosa floristería, pero aquí las flores no siempre fueron las mismas, antes adornaron sepulturas. Este fue el cementerio del Barrio de las Letras, tan lleno de historia.

Cementerio de escritores y comediantes

En el siglo XVI se estableció en este lugar la Iglesia y cementerio de San Sebastián, al tiempo que el barrio crecía con los literatos del Siglo de Oro, fue el barrio de los escritores, comediantes y actores. Desde esta época aquí se celebraron bautizos, celebraron bodas y defunciones de figuras ilustres de la época como Cervantes y Lope de Vega, este último además enterrado aquí.

Noches Lúgubres

El barrio seguía siendo literario a finales del siglo XVIII,  y uno de sus escritores románticos, José Cadalso, escribió otro capítulo en la historia de este cementerio. En su obra «Noches Lúgubres» narra como su protagonista intenta desenterrar a su amada para despedirse de ella; ocurre que esta historia no es solo literaria, sino que se basa en su propia experiencia, pues él intentó desenterrar a María Ignacia Ibáñez, actriz de la que estaba enamorado, muerta a los 25 años de edad.

Siglo XIX: de cementerio a floristería

Desde el reinado de Carlos III se prohibieron los enterramientos en el interior de la ciudad, pero no fue hasta la época de José Bonaparte que se empiezan a tomar medidas para trasladarlos a las afueras. Décadas después, en 1889, La familia Martín abrió la floristería, llamándola Jardín del Ángel.

Desgraciadamente este negocio centenario cerró en 2019, supuestamente por que el arrendador, la Iglesia de San Sebastián, no quiso hacerse cargo de las necesarias restauraciones.

El Ángel del Jardín, el resurgir de una joya de Madrid

Hoy, esta joya ha resucitado, para alivio de muchos, que ya llorábamos la muerte de un trocito del alma de Madrid. El nombre ha cambiado poco, la esencia nada de nada. Sigue estando exquisitamente cuidado, y ahora además recién restaurado (a expensas de las nuevas dueñas).

Este curioso rincón hace las delicias de paseantes y amantes de las flores. Un precioso olivo nos invita a cruzar su umbral, para llegar al invernadero. Guarda flores, macetas y objetos de decoración, además de una curiosa fuente.

En Madrid nos faltan floristerías y sobretodo costumbre de frecuentarlas, por eso os animo a que disfrutéis de esta ¿No os gustaría que os regalaran una orquidea, unas margaritas o un bonsái?

¡Regalad besos, sonrisas y flores!


2 Comments

David Gallardo Pérez · diciembre 14, 2012 at 5:35 pm

Lleno hasta los topes de cosas, pero no satura. Está muy bien decorado, "con libro de visitas para firmar y todo" xD

Esther Almena · diciembre 14, 2012 at 12:59 am

Un lugar precioso :)

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